jueves, 1 de septiembre de 2016

50ª entrega - CELCE Magazine · Nº 84 · Septiembre 2016

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Celebro con los lectores de esta sección, la llegada a nuestra entrega número 50. Según
veo por mis notas, se han pasado quince años como un suspiro. Y deseo agradecerles 
desde estas iniciales líneas el favor con que han sido acogidas, así como los constantes 
detalles que me hicieron llegar –lectores y editoriales- para posibles comentarios.
Algunas de estas entregas no han sido de libros totalmente. Y con idéntica trayectoria 
podemos llegar a la presente efeméride comentando dos revistas, más un libro que 
nuevamente me llega de un fiel lector de Celce Magazine desde Andalucía, tierra de luz y 
poesía sin duda.

A mediados de mayo pasado, El Mundo publicó en el suplemento METRÓPOLI una portada 
muy breweriana. Según recuento, por encima del titular “Sed de birra” que anunciaba la 
portada de su publicación, ilustraron ese breve texto con 26 tapones corona; tanto de 
cervezas nacionales, extranjeras, pero fabricadas en España, o importadas de otras 
multinacionales. El sumario del número 626 seguía con sus habituales secciones: Calle, 
Cine, Escena, Arte, Compras, Música, Escapadas…y una muy especial: “Madrid es la 
caña”. De esta forma, entre sus páginas 39 y 45, publicaron una interesante relación de 
bares de toda la vida, tabernas modernas, tiendas especializadas, micro cervecerías, 
seleccionando direcciones que pueden ser imprescindibles para no perder trago (sic) en la 
ruta más cervecera de la citada capital. En un destacado mencionaron algunos datos 
históricos, tanto a nivel del Estado como de su capital: el 80% de los españoles elegimos la 
cerveza, como primera o segunda opción; durante 2015 superamos los 3.500 millones de 
litros, un 3,2% más que el año anterior, nuestro máximo histórico. Hicieron mención a 14 
establecimientos como referencias cerveceras. Entre las marcas que se deben probar 
relacionaron 19 diferentes, que van desde industriales a nuestras más modernas y famosas 
artesanales. Muy interesante.

Por otro lado, en la tertulia mañanera del café, me traen una revista editada por el Grupo 
Mahou San Miguel, en cuya cabecera se distingue la eme clásica de Mahou, con el añadido 
de CRECIENDO y según indica es el Nº 25 editado en 2016. Su formato es de proporciones 
generosas, con 55 páginas, editada por la Dirección de Comunicación Corporativa y 
Relaciones Institucionales; entiendo se trata de una edición reducida y determinada para 
temas propios de la cervecera.  
Abre la primera página su director general don Alberto Rodríguez-Toquero para comunicar a 
todo sus profesionales que la empresa sigue creciendo con la misma ilusión. A continuación 
se detallan los grandes avances conseguidos en India, al tiempo de acelerar su crecimiento 
en Reino Unido. Como es natural, hablan de sus logros con un nuevo estilo tal que es 
“Maestra” de Mahou, los 50 años de San Miguel en Málaga; se consideran más cercanos a 
sus concesionarios y distribuidores, añadiendo en la revista ese toque de renovada 
“Comunicación Interna” que conocimos hace muchos años trabajando para un grupo de su 
competencia. Muy bien ilustrada por cierto, sin mucho recargar con fotos a color, excepto 
las justas y precisas para demostrar su antigüedad empresarial, cuya meta dependerá del 
color que todos unidos pongan en su entusiasmo competitivo.

RELATOS NEGROS, CERVEZA RUBIA es una nueva novela de Carlos Salem, novelista, 
poeta y periodista nacido en Buenos Aires, y residente en España. No es la primera novela 
suya que me llega, pero ahora publicada por Navona Editorial en febrero de 2016. Un 
generoso volumen de casi 260 páginas, que el autor ha escrito en 27 capítulos o relatos, 
precedidos de un prólogo de Jorge Eduardo Benavides y se cierra con un epílogo que los 
entendidos dicen estar cargado de genialidad.
Como ya comentamos en anterior ocasión, los escenarios que escoge este autor suelen ser 
oscuros bares. En estos locales se intuye que la luz viene de la siempre presente cerveza y 
sus chispeantes brillos. Suelen ser situaciones profundas que por lo general están bañadas 
en alcohol. Vuelve con sus habituales protagonistas: alguno que es brutal pero con cierta 
sensibilidad, policías como el Gato y el Perro, una suspicaz camarera, o uno muy especial 
que es escritor resolviendo casos mientras bebe eternamente Mahou. Según he podido 
comprobar, la narrativa de este autor se cita como un cúmulo de tiros eficaces y 
estrepitosos que ocasionan heridas sin haberse percatado del puyazo.
En suma tres motivos que me parecen curiosos para comentar a los lectores, pues la prensa
periódica también merece un hueco en estas líneas; por supuesto con la inseparable, 
silenciosa y siempre leal compañía de un libro. ¡Va por ustedes, salud!
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miércoles, 24 de agosto de 2016

MEMORIAS DE UN ALCALDE Ciudad Rodrigo 1983-1991



Un familiar me obsequia con este libro que acabo de recibir. El mismo viene dedicado con unas afectuosas palabras de su autor, Miguel Cid Cebrián, del día de su presentación a primeros de julio en Ciudad Rodrigo, la antigua ciudad mitrada donde fue alcalde electo durante dos legislaturas.

El volumen con más de 340 páginas es grato de leer, y cómodo de portar amén de un precio apropiado para todos los bolsillos; siempre pienso si cuando nos gastemos más en libros que en juegos de loterías, envite o azar, promocionados por el propio Estado, habremos alcanzado el nivel suficiente y justo de esos lujos culturales que admiramos en nuestros vecinos europeos.
Además me sonrío cuando veo la editorial del libro, toda vez que conozco esa firma desde hace muchos años en el castizo barrio de Chamberí; por cierto es el mismo distrito donde el letrado Cid Cebrián sigue manteniendo su despacho. Igualmente conozco a todos cuantos le acompañaron en la mesa de presentación, en ese marco tan particular como es el Teatro Nuevo Fernando Arrabal de su ciudad natal.

Con todos estos ingredientes citados, el lector puede suponer que este comentarista lo ha pasado bien, muy bien, durante la lectura de un libro que me parece necesario para quienes quieran conocer los aconteceres políticos y sociales de Ciudad Rodrigo en un período tan determinado como fueron esos años desde 1983 a 1991. Anticipo también que me es difícil ser imparcial cuando de por medio reconozco el aprecio y respeto dedicados, mutuamente, toda vez que nunca entramos el uno en el terreno del otro. Siempre he tenido claro mediando una amistad o familia de por medio, se deja la política a la puerta de casa.

Se nota el docto oficio del antiguo corregidor, aparte de las ayudas que ha podio tener, y que además agradece, por cómo ha desarrollado toda su exposición literaria, histórica a la vez, mediante un prólogo del actual alcalde mirobrigense, su introducción y planteamiento inicial, más quince capítulos bien documentados e ilustrados, para terminar en el correspondiente epílogo, unos documentos anexos y un final de dedicados agradecimientos; detalle éste que viene a redundar en el popular dicho “de bien nacidos es ser agradecidos”.

Esta es mi primera impresión, lejos de coincidir con aquellos cuando piensan que Miguel cuanto hace es ponerse medallas. Yo observo que es mucha gratitud cuanto pone en negro sobre blanco, empezando por su querida esposa, sus hijos, sus padres y hermanos, pues no en balde fueron éstos, los más cercanos, quienes hubieron de soportar el voluntariado político que aceptó llevar adelante nuestro referido autor.

La lista de personajes o de sencillas personas, a todos cuantos cita, es difícil de relacionar por no omitir a alguno sin querer, en esos años tan precisos de cuando se consolidaba la Transición en España; todos aportaron con su labor o con sus críticas unas soluciones para tantas carencias como se  observaban en Ciudad Rodrigo. Pero algo se hizo, y eso es lo importante. Yo suelo pensar, cuando viajo por el oeste español, esa zona de la profunda Castilla y León que media entre el Duero y la Extremadura, que nos sobran ahí muchas críticas y faltan muchos hechos. Digo ésto porque en la comarca de Ciudad Rodrigo había iniciativas particulares o municipales, en esos años citados, que fueron criticadas hasta la saciedad; así no era ni es posible prosperar nunca. Si donde hay harina no hay mohína, eso se traduce porque muchos han arrimado el hombro como corresponde.
Si bien de todos es conocido que la vieja ciudad del Conde Rodrigo tiene su impronta religiosa, dada la cantidad de edificios que conforman parte de su monumentalidad, o militares por ser un baluarte defensivo hasta bien mediados los años del pasado siglo XX, era normal que un alcalde afiliado al Partido Socialista Obrero Español cumpliera con todas las autoridades civiles, sociales, religiosas y militares por tener plaza en la antigua Miróbriga. Eso era progreso de verdad.

En esos años de primera autoridad munícipe Miguel supo estar con todas las capas sociales, pues durante mis veranos en la capital del campo charro tenía ocasión de ver cómo hablaba con todos sus vecinos; desde quienes disponían de titulo nobiliario, solicitando la apertura de los palacios para conocer el arte que guardaban entre sus muros tan olvidados como tan poco visitados; o viajar en el camión de la basura para ver cómo funcionaba el servicio de noche, e incluso en el propio despacho mayor de la alcaldía llamar a una funcionaria con tal de ayudar entre ambos a una vecina para redactar a ésta una reclamación por el aumento de las tasas en el consumo de agua potable.

Esto son meros detalles, porque a la postre, y eso que mis raíces familiares por vía materna o conyugales siempre me han unido a esta tierra salmantina y me han dado cobijo temporal en ella, yo no he llegado a vivir plenamente los logros que obtuvo Miguel Cid con su equipo de concejales… incluida la oposición, pues al final, a pesar de una moción de censura que hubo de superar, distintas opiniones y posiciones, tiranteces y escasas alabanzas, todos llegaron a dilucidar que algo positivo se había obtenido en esos dos períodos electorales.

Dada su condición de parlamentario, pienso yo, ésta le tenía que traer de cabeza  andando de un lado a otro; pero sin embargo sí supo bien aprovechar ese estatus para acercar a Ciudad Rodrigo políticos de primer nivel que por entonces gobernaban los destinos de este país. Si entre esos hilos podía venir alguna mejora para su ciudad natal, se hizo como lo haría cualquier hijo de vecino. Así lo han hecho otros paisanos de este hermoso país, llevando a sus predios todo cuanto acontece para dotar de mejoras a sus lugareños gobernados, aún a pesar de que otros pueblos monumentales quedaran relegados en el rincón del olvido territorial. Cuando ya no era alcalde Miguel Cid, y después de 40 años de retrasadas gestiones, por fin, llegó la autovía que unió Salamanca capital con las orillas del río Águeda.

Si algún aspecto relativo al quehacer de este corregidor –en esos años- advierte el lector que no se ha tocado, Miguel Cid promete aumentar y explicar todo detenidamente para una próxima edición. Es un buen detalle que se agradece. Como ha sabido hacer el autor con sus recuerdos a tantos y tantos como no están ahora con nosotros; leales y opositores no han tenido oportunidad de ver cómo les reconoce sus valores que pusieron sobre la mesa, sobre unos periódicos, o por el medio que estimaran oportuno, con tal de lograr que Ciudad Rodrigo prosperara.

Me he quedado con una cita, de nuestro Monarca Emérito, en su visita de abril de 1984: “Declaro a Ciudad Rodrigo, ciudad abierta al futuro” y le falto añadir “temporal” porque en esa temporalidad veo yo a la ciudad de mis mayores, temporalmente esperando y esperando siempre. Enhorabuena Miguel, porque al menos tú te has justificado y es otro detalle a esperar entre la desesperanza de los políticos de hoy.
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martes, 12 de julio de 2016

VIBRANTE MIRÓBRIGA Ciudad Rodrigo

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Así de sencillo, así de hermoso, por su calidad, por sus 
dimensiones, es el título del último libro diseñado por 
Santos Vicente. De profesión fotógrafo bien conocido 
a orillas del río Águeda, dada su predilección por 
los espacios naturales con que suele ilustrar sus 
obras gráficas, nos muestra en su última obra una 
recopilación de imágenes dedicadas a la monumentalidad 
mirobrigense.

Para la portada el autor ha escogido una panorámica 
espectacular, que rima con monumental, como de hecho 
es en realidad: el Águeda a su paso ante las murallas de 
la ciudad que es dos veces ciudad. El libro tiene una 
dimensiones de 32 x 28 cm con lo cual se entiende su 
contenido panorámico. Son cien páginas de curioso 
diseño, pues al abrir cada una de éstas el lector se 
encuentra con una foto escogida y a su izquierda un texto, 
donde he tenido el honor de colaborar.











Evidentemente todo ha sido posible porque las fotos de
Santos Vicente son así de inspiradoras. Entiendo que 
el buen autor ha de transmitir algo con sus trabajos, y desde
la imagen más todavía. Conozco a Santos de hace muchos
años, sabiendo que siempre va con alguna idea en la mente
y nunca  las manos ociosas; en cualquier momento puede
surgir ante él un rayo de luz, un amanecer, un atardecer, 
que ofrezca al autor esos instantes, unos segundos, 
que se han de captar de inmediato o perderlos para siempre.

Así nos ofrece una selección bien buena del Ciudad Rodrigo
que, por imposible que parezca, podemos entenderlo habitual
pues están ahí siempre, pero no desde tan particular visión digital.
Y ahí pienso yo está la riqueza de este artista: Ciudad Rodrigo en
su horizonte, el de Santos, cuando viene el sol por la Sierra o
cuando se va camino de Portugal; monumentos eclesiásticos, 
palaciegos, militares, municipales, particulares… pues todo en la
realidad y en sus fotos tan bien hechas tiene un punto original
de resaltada monumentalidad.











De hecho suele ocurrir, y a mí de los primeros, que estando 
como estamos habituados a convivir entre tanta obra de arte 
civil, ofrecida en público, donde por fortuna la conservación 
pública o privada intenta mantener en pie una gloria de tiempos 
pasados, no solemos detenernos ante tales maravillas por estar 
precisamente ahí. Las tenemos tan a mano, todos los días, que ni 
nos volvemos a mirarlas o ejercer algún tipo de pensamiento y 
comentar para nuestros adentros. Al menos Santos tiene la 
intuición de que algún día no estaremos aquí, porque así es de 
débil nuestra naturaleza, pero por lo menos él dejará su particular 
visión de las cosas, de los monumentos que tantas veces ha visto, 
donde siempre les encuentra un punto en su mirada tan particular.

El libro contiene, entre sus primeras páginas, una breve biografía  
de Santos Vicente y de este comentarista que les escribe. Luego, 
según vamos pasando las hojas, se nos abre ante nuestros ojos un 
desfile de paisajes que el autor ha captado para siempre. Además 
de la calidad de sus fotos, está el lujo del papel o cartulina elegida, 
fuerte, consistente, para dar más realce -si cabe- a cada una de sus fotos.











Las fotos publicadas junto al oportuno comentario, prosa tal vez, líneas 
que rozan una poesía informal, sin ritmo ni métrica, son en total 32 fotos. 
Más las publicadas sin comentario, 17 panorámicas que hablan por sí 
solas. Y teniendo en cuenta la original portada, son 40 fotos muy buenas. 
Además conviene considerar que se ha realizado una edición muy 
limitada, con posibilidades de ampliar si hubiera demanda, pero por 
las proporciones y la calidad con que el autor ha presentado este nuevo 
trabajo se entiende un precio elevado, propio de coleccionistas privados. 
El total de las 100 páginas, entre comentarios y las imágenes captadas 
por Santos Vicente, se entienden como una obra fuera de catálogo. 
Es decir, puede considerarse como una obra no venal, que no se 
vende. Pero no será porque su autor no quiera, pues como profesional 
le puede resultar incluso interesante, más desde el punto artístico que 
desde el crematístico. No todo se trata de economía, y menos en los tiempos 
actuales que estamos viviendo. Tal vez si esta particular edición saltara 
fuera de los contornos del campo charro, se pudiera captar cierto interés 
por nuestros propios monumentos.


 














Nos falta un cierto punto de castellanía, desde el cual apoyar 
todo el movimiento que pudiera surgir para difundir y apreciar mucho 
más los nuestro, lo propio, lo autóctono de este viejo rincón rayano. 
Ciudad Rodrigo es desde siempre una fuente inspiradora de 
recursos artísticos; sus calle históricas han servido de naturales 
decorados para el rodaje de películas, sus plaza y rúas se convierten 
en verano en escenarios abiertos para dar rienda suelta a la 
teatralidad de jóvenes o maduros autores que buscan consolidarse 
en el arte de Talía. Concursos de pintura, de fotografía, competiciones 
deportivas, ecuestres, ferias ganaderas y tantas cooperaciones más 
que abundan en promocionar el comercio, la agricultura…

Pero luego, llegan los días más largos y veo a la vieja Miróbriga sola, 
muy sola, como mujer amada en sus buenos tiempos, pero hoy 
desasistida. Es entonces cuando conviene volver a abrir las páginas 
de VIBRANTE MIRÓBRIGA, recién creado por Santos Vicente, y 
consolarnos porque ha sabido conjugar su oficio de fotógrafo y 
notario monumental.

Como parte interesada, no lo disimulo, porque no puedo ser 
imparcial dada la amistad de años que venimos manteniendo, 
mi felicitación y enhorabuena. 
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