domingo, 12 de septiembre de 2010

26ª entrega - CELCE Magazine Nº 60 Septiembre 2010

**
Me llega -dedicado por una amistad- un
Manual del Cervecero y del Fabricante de bebidas gaseosas y fermentadas, que les muestro como el más atractivo del presente comentario. Se trata de una edición (Librerías París-Valencia, S.L. 2003) que reproduce otra anterior, fechada en el París de 1890, obra de Lorenzo Campano, según el fondo bibliográfico que he podido investigar de la editorial Charles Bouret. Como dicha firma editaba desde la capital del Sena también para su sede en México, encuentro más referencias del citado autor en la Biblioteca Nacional de Francia; diccionarios, gramática, relatos, e incluso diversos manuales: del curtidor y del zurrador, del hojalatero y del lamparista, etcétera, todas ellas publicadas en español.

Su lectura ha venido a recordarme mis primeros tiempos en la industria cervecera. Y muy buenas evocaciones, respecto a los diferentes maestros cerveceros a quienes conocí, por el mucho cuidado demostrado en este Manual: materias primas, los distintos cereales malteados o en crudo, la importancia del agua, unas instalaciones adecuadas, su maquinaria, útiles y herramientas… me recuerda normas semejantes implantadas en la antigua fábrica Henninger Española, S.A., de Madrid. Es decir la escuela donde se formaron y practicaron aquellos emprendedores cerveceros, venía documentada en este tipo de manual divulgado a finales del siglo XIX.

Curioso de verdad, según los medios (ver figuras 5 y 11) que se utilizaban entonces; hoy mucho más avanzados en todos sus aspectos. Sin embargo la ciencia y el arte de producir cerveza ha variado proporcionalmente, en sus primordiales métodos, cuando el sector industrial cervecero empezó a producir cuatro estilos diferentes de fabricación: alemán, francés, inglés y belga. Creo será del gusto de técnicos y profesionales en esta materia, como la segunda parte del volumen dedicada a bebidas carbonatadas; no en balde las fábricas españolas, desde sus inicios, además de hielo también producían agua de seltz o soda para refrescar a sus graduales clientes hace más de cien años.

El siguiente volumen titulado Beber para contarla, tiene el atractivo de lucir en su portada un símil de etiqueta para botella de cerveza negra. Su autor Peter Haining (1940-2007), hace una divertida selección de relatos escritos por célebres autores: James Joyce, Samuel Beckett, y otros diez escritores más en su original lengua inglesa. Desde luego, el subtitulo de: Antología de borracheras insignes, ya nos hace suponer que entre sus páginas fermenta un cierto estilo de “humor inglés”.

Evidentemente se ha precisado de un buen equipo de traductores españoles, para llegar a editar este extenso y representativo muestrario de la narrativa irlandesa del pasado siglo XX. Son algo más de 260 páginas que, estimo, pueden resultar atractivas a lector gustoso de un estilo literario muy concreto. También incluye algún relato propio de teatro; y otro me ha complacido por desarrollarse en ambiente rural, en un clásico pub irlandés, entre cuyos parroquianos han de vivir la misteriosa desaparición de cierto cliente que marchó a pescar en un lago y es preciso –con alguna pinta de cremosa cerveza por medio- ayudarse de un zahorí para encontrar al extraño difunto. Los dramas con humor son menos, y tratándose entre amigos con algunas cañas pues mejor.


Un habitual lector de esta sección, residente en Sevilla, me envía esta obra titulada Cerveza de grano rojo, cuyo autor Rafael Arozarena (1923-2009) es un clásico de las letras canarias; trabajó como enfermero en un hospital de Santa Cruz de Tenerife, y supo compaginar esa digna labor con la literatura. Según he podido estudiar en otros comentarios más expertos, se trata de una novela subyugante, de carácter más experimental, y preferida por Arozarena a su exitosa opera prima “Mararía” Por tanto, entiendo, estamos ante una autobiografía suya y de su amigo Isaac; todo lo que ocurre en la misma decía su autor ser certísimo, pero visto desde la mirada de dos rapsodas, dos chiflados, dos chispos. Difícil cuestión que, para mejor entender, es preciso entrar en sus casi trescientas páginas, de la mano de su prologuista, Manuel Torres Stinga; una novela más urbana que rural, donde el tiempo actúa como conciencia individual y evoca la vida pasada.

Reflejos son estas obras de inquietudes y consideraciones, como la vida misma, que a la salud de todos ustedes voy a celebrar con una buena cerveza.

lunes, 21 de junio de 2010

25ª entrega - CELCE Magazine Nº 59 Junio 2010


Ya son veinticinco comentarios en esta sección, y lo celebro con mi gratitud dado el interés de nuestros lectores. Los detalles recibidos se van acumulando, al tiempo que mis lecturas e indagaciones son buenos motivos para continuar.

En esta nueva oportunidad, me he decidido por dedicar mis cosideraciones a un solo ejemplar. No en balde, la impresión con que he seguido la lectura de esta obra titulada “El vuelo del ÁGUILA”, me hizo recordar numerosos acontecimientos pasados o recientes, por mi dilatada y actual vida laboral en la industria cervecera.

Un estudio así, partiendo de la base cuyo autor, Rodney Habbershaw, es antiguo directivo de Heineken Internacional, me ha venido a recordar a los autores “hispanistas”. Tenemos en España suficientes atractivos, no reconocidos por nosotros mismos, en arte, ciencia, literatura… como para cautivar a investigadores extranjeros, y dedicarnos su atención desde un punto de vista imparcial; críticos con exactitud, meticulosos en sus consultas, no es de extrañar después gusten sus conclusiones y resulten provechosas en su propio país de origen. Pero si además, ese trabajo, aparentemente árido como este ejemplar que les muestro ahora –traducido del original en inglés- nos gusta y lo apreciamos nosotros, creo ha merecido el esfuerzo del autor. Junto con éste, también se ha de reconocer el apoyo (no sólo institucional o de corporación) tal y como hace constar en su dedicatoria: “A los hombres y mujeres de Águila, que me infundieron su pasión por la compañía…”

Otro tanto merece LID Editorial Empresarial, S.L., y su colección Historia Empresarial, donde destaca como editor José Antonio Menor; lo mismo su traductor Ramón Olivares. El prólogo de José María Rivera Trallero, de inconfundible raíz de cerveceros, nos abre el pórtico a una lectura amena con cien años de crónica empresarial: que nos permitirá conocer los entresijos de una de las compañías más significativas en la historia de la cerveza en España.








El autor fue director general de la anteriormente S.A. El Águila, entre 1990 y 1994; un período crucial, de grandes cambios en el sector. Intuyo supo rodearse de un buen equipo directivo; y por otra parte, de colaboradores gustosos en este tipo de investigación histórica empresarial. Condensar cien años en doscientas sesenta páginas, repasando el origen de las cerveceras en España, incluyendo el arte de su fabricación, entre convulsiones políticas, guerra civil, peor posguerra, decadencia y apertura de una dictadura hacia la monarquía constitucional… tiene que haber sido una labor compleja.

No he conocido trabajo similar, donde se hable tan claro; el asentamiento regional y rival de unas pocas fábricas iniciales, de familias emprendedoras, con técnicos de centro Europa que aportaban sus conocimientos, creando marcas tal como algunas siguen brillando en el día de hoy. En ese transcurrir se basa esta obra, analizando las tendencias del sector cervecero: sus obstáculos para crecer (1900-1936), cómo hubo de supervivir (1936-1958), su despegue (1958-1977) hasta su internacionalización y concentración (1977-2008)






En los dos últimos períodos, he sido partícipe por razón laboral. En aquellos primeros años sesenta, se iniciaba la apertura de España hacia inversores extranjeros y técnicas industriales más modernas; evidentemente nuestras cerveceras también interesaban actualizarse, permitiendo la dictadura de entonces que llegaran Schlitz y Heineken a tan particular sector. La firma americana tuvo intereses en La Cruz del Campo y Henninger, mientras los holandeses instalaban Gulder poco después en Burgos. No fue bien el experimento financiero-industrial, y se volvieron a sus fábricas de origen. Entiendo que Heineken guardó sus conclusiones, para un tiempo después; S.A. El Águila, una entidad de implantación estatal, ocho fábricas y tres malterías, intentando complacer gustos regionales tan distintos, no se percató de que esa visita foránea no había sido de cortesía.






Con el futuro llamando a nuestra puerta, Damm y Cruzcampo afianzaron con eficacia sus propios mercados; Mahou se hacia cada vez más poderoso en la misma capital donde se fundara El Águila; y San Miguel, de visión más práctica e internacional mimaba su mercado sin pretender abarcar imposibles.

El libro se divide en dos partes muy concretas; la primera para tratar un tema tan amplio como es la evolución del mercado español de la cerveza (1900-2008) y en la segunda abarca los actores, resultados y estrategias. Para mí, en ésta última es donde se sustancia el peso de la obra.

Llegó a ser muy fuerte la implantación de S.A. El Águila en nuestro país. Base de su éxito, diferentes maestros cerveceros y la acertada decisión de diversos directores generales; resalta el autor nombre y apellidos de alguno, tanto en los aciertos de unos como en los errores de otros. Si bien la parte técnica no se analiza en detalle, sí entra el autor a considerar varios aspectos comerciales y más en profundidad los errores financieros.

Entiendo fue ahí, en las finanzas precisamente, donde empezó la caída en picado de nuestra recordada marca. En razón de éstas, inversores y entidades crediticias, sentaron en los órganos decisivos de la cervecera a responsables que –lamentablemente- no eran técnicos ni comerciales en la citada industria. Si bien el correr del tiempo traía parejo modernizar máquinas, cambiar diseños, novedosos envases, publicidad, nuevos rumbos en el mercado, precisando menor número de empleados, con los costes que esto podía suponer, la sociedad llegó a un endeudamiento insostenible. Los cuadros comparativos que se publican por estos motivos, son claros, sencillos, y comprensibles.

En 1984 Heineken Internacional asume el control de la antigua empresa, con una participación inicial del 35%. Su adquisición, una sociedad en quiebra práctica, con dificultades para generar ingresos, elevados gastos generales y costes financieros, muy por encima de lo que era entonces el sector; su resurgimiento, merced esta intervención multinacional, reconoce el autor fue en gran medida el personal de Águila en España quien lo convirtió en realidad.

Pocos años después, un 9 de mayo de 2000, sería el centenario de Águila; semanas antes se aprobaba un incremento del capital que financiaría la fusión con Cruzcampo. De este modo –copio textualmente- se ponía fin a un siglo convulso en nuestro sector cervecero, y a la identidad de S.A. El Águila como compañía independiente. Junto a ésta, también otras marcas suyas como El Azor, El Gavilán y El Neblí, levantaron su vuelo de nuestro solar para siempre.

Mi gratitud a Enrique Solaesa Rodríguez, por cederme etiquetas de su colección particular.

domingo, 2 de mayo de 2010

24ª entrega - CELCE Magazine Nº 58 Marzo 2010


En un primer instante, al desenvolver su envío postal, y ver el título de este ejemplar recién editado: “El libro de oro de la cerveza”, pensé si no hubiera sido más acertado citar: El libro de oro de la cerveza española. Pero una vez entrado en el olor fresco de su tinta, su gran formato, sus atractivas imágenes y tan completa información, reconocí estar ante el estudio dedicado a una bebida de producción universal; con su historia milenaria tan interesante, que no conviene limitar el desarrollo de esta publicación únicamente a España. Hace años disfrutan nuestras cervezas de estar aupadas en el pedestal donde se distinguen los tres países europeos más importantes -en cuanto a producción me refiero- junto Alemania y el Reino Unido. Por tanto, estar coronados en ese “podium” de campeones productores, hace plausible que sea el propio sector, representado por el organismo asociativo Cerveceros de España, en su compromiso con la sociedad española, quien promueva y difunda –para orgullo de quienes trabajamos en esa rama alimenticia- que nuestro labor es muy buena, y está reconocida en la Unión Europea.

Son más de doscientas páginas lo que nos adentra en este mundo, casi mágico, según me comenta alguna visita en mi empresa, dependiente ahora del Grupo Damm. Es la actual Ministra de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, doña Elena Espinosa Mangana, quien nos confirma que este libro ofrece una información pormenorizada, con múltiples perspectivas, de forma amena y atractiva, en cuanto a ingredientes, elaboración y las principales industrias cerveceras de España.

El presidente de Cerveceros de España, quienes han editado conjuntamente con la Editorial Turner (2009) este interesante libro ratifica algo evidente desde hace muchos años: La cerveza en España forma parte de nuestra cultura y tradiciones muy arraigadas, con marcas centenarias, que a lo largo de los años se han ido adaptando a estos nuevos tiempos técnicos y de globalización.

Con estas primeras firmas oficiales y acreditadas, Ministerio y fabricantes de cervezas, siguen otras ilustres plumas para adentrarnos en Historia de la cerveza, por la conservadora jefe del Dpto. de Egipto del Museo Arqueológico Nacional. De Materias primas y elaboración, nos introducen los presidentes de Cultivadores del Lúpulo y de Malteros de España, respectivamente. Cuando se llega a La cerveza en España, son Luis del Olmo –periodista, director del programa “Protagonistas”, y Jacobo Olalla Marañón –director general de Cerveceros de España- quienes nos adentran en la sana costumbre de la caña con o sin tapa, en el bar de la esquina; o se muestra delicadamente pormenorizado nuestro actual sector cervecero, y los grandes grupos en esta industria que continúan activos en nuestro solar insular y peninsular.

Sigo en la lectura, por cuanto manifiesta el presidente de la Federación Española de Hostelería quien trata Cerveza y Salud, citando nuestra cultura y tradición más la responsabilidad demostrada socialmente en el sector. Para, a capítulo seguido, conocer algo de Cerveza y nutrición, en letras del presidente de la Real Academia Nacional de Medicina, Manuel Díaz-Rubio, y jefe del Servicio de Aparato Digestivo, del Hospital Clínico San Carlos, de Madrid; que a su vez respaldan otros responsables en la Fundación Dieta Mediterránea, en Medicina Preventiva y Salud Pública (desde la Universidad de Las Palmas); un deportista, ahora médico, como José Antonio Corbalán; o el director de la Cátedra Extraordinaria de Bebidas Fermentadas, Facultad de Farmacia, en la Complutense madrileña. Nos habla también, para Disfrutar de la cerveza, Juan Mari Arzak, cocinero de renombrado prestigio, respecto a cuanto él entiende en el mundo de las cervezas, en la mesa, o el arte de servirla (las cañas no se “tiran”, se sirven)

Mención que destaco, comparto, felicito, tanto a Cerveceros de España, como mis amigos y socios en CELCE, es por el extenso capítulo dedicado -en este libro de oro- al Coleccionismo cervecero en España. El saludo e introducción es de Enrique Solaesa, presidente de nuestro Club, y el desarrollo que nos expone resaltando el original tema mediante materiales “brewerianos” aportados –además de él, con sus etiquetas- por los hermanos González Rossi (carteles), Felipe Espejo (latas), y las botellas serigrafiadas -o pirograbadas- que mima en su colección otro gran recopilador: Pascual Merita.

Termina esta publicación, como cabe esperar, en el capítulo 8: La cerveza en el arte, cuyo tema lo abre Mario Vargas Llosa con un fragmento de su obra: Conversación en la catedral (1969)… “observa el círculo de espuma salpicado de cráteres, bocas que silenciosamente se abren vomitando burbujas rubias”. Y llegando a las últimas páginas, se abre otras sección Una bebida con mucho arte, donde uno se entretiene deliciosamente al repasar vidrieras, obras de maestros holandeses, Manet, Rembrandt, Pablo Ruiz Picasso, Ramón Casas, cuyos detalles nos vienen a certificar cómo los artistas han reflejado en muchas de sus obras cierta predilección hacia la cerveza.

No me he detenido en relacionar ante mis lectores, otro valor añadido al libro: sus fotos. Se hace al final relación de los créditos fotográficos; son imágenes generosas, nítidas, muchas a toda página; como estimo se han de considerar todos los productos cerveceros e ingredientes, instalaciones, medios, o establecimientos –con sus empleados- que intervienen desde fábrica al consumidor. Algo, en suma, de agradecer a cuantas personas y empresas han intervenido en este libro, porque será difícil de superar en un tiempo.

Nada más me surge una cuestión, cuando vuelvo a recordar el pódium que les citaba en un principio. Puesto que de competir se trata, no se difunde –como a mí me gustaría- los concursos internacionales donde acuden nuestras marcas cerveceras españolas. Sí existen microcervecerías, o cervecerías artesanales, que intervienen en este tipo de eventos que les cito. Los hay que se anuncian a modo de Concursos Internacionales de Cerveza, aquí, en España, pero es para quienes no conducen después de beber.

Yo me refiero a eventos como la European Beer Star (en Alemania) Copa internacional del mundo. Concursos internacionales de la industria de cerveza (en Gran Bretaña o en Australia) Algo así -o similar- donde las medallas obtenidas luego son resaltadas con todo merecimiento en etiquetas, tapones corona, cajas, barriles, y material publicitario. De los patrocinios en deportes, salud, calidad de vida, seguridad en la carretera, también estamos entre los primeros países europeos. Pero ser competidores igualmente, frente a cervezas de otros países, creo sería bien visto en objetivos de Marketing. Mi más cordial enhorabuena, y felicitaciones por haber editado este gran libro.