viernes, 23 de febrero de 2018

UN LIBRO DE PESO

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Por mediación de mis familiares en Ciudad Rodrigo he recibido el LIBRO DEL CARNAVAL 2018,
 editado desde el Ayuntamiento mirobrigense con motivo de nuestros clásicos festejos en honor del
dios Momo. Cuando me llegó tuve la misma sensación de un maestro cervecero el cual nos ofreció,
recientemente, una lección magistral en la única cervecera industrial que sigue funcionando en la
provincia de Madrid; al despedirnos de él, entre todos quienes asistimos le regalamos una
enciclopedia sobre la cerveza, tuvo a bien expresar: ¡Esto pesa, esto es algo bueno!, nos dijo sin tan
siquiera abrir el paquete.

Y evidentemente que el último libro dedicado al antruejo rodericense, lo es y bien bueno. Son 500
páginas impresas a todo color, cuyos contenidos, destacados autores, temas expuestos, fotografías,
etc., ya han sido tratados con buenas consideraciones por otros comentaristas anteriormente. Más un
añadido que pongo yo: hasta los anuncios son bonitos. No es un libro de bolsillo, no es una edición
barata para llevar de un lado a otro, olvidar o perder por cualquier descuido; hace falta comer bien
primero y otorgarse una buena lectura después, sin empacho de letras ni fotos, con tal de que nos dure
días y días, un mes o los que haga falta, pues por el peso de este libro recibido se requiere buen ánimo
para sostenerlo entre las piernas, con tal de leer hasta que las letras empiezan a bailar entre líneas y
nos dejemos llevar por esa cabezada tan necesaria, para quienes contamos con unos cuantos años,
muchos, peinando canas.





Pronto cumpliré 50 años, desde que me suscribí a La Voz de Miróbriga y empecé a colaborar con el
doctor don Jesús Huerta Alonso, de cuya mano llegué a compartir amistad con don Antonio Custodio,
don Ignacio María Domínguez, don José Antonio Martín, don Leopoldo Gómez, don Feliciano
Sierro, don Abraham Cid y tantos otros a quienes desde aquí, en su grato recuerdo, les sigo
agradeciendo cómo me admitieron a colaborar en los futuros libros; o en casi todos, porque alguno
hubo donde no pude acudir. Con todos ellos y los sucesivos alcaldes, concejales de cultura, festejos,
etc., también añado mi gratitud a tantos y tantos colaboradores anónimos, voluntarios, particulares o
funcionarios del Ayuntamiento, que ponen cada día su ilusión y esfuerzo para que este libro,
anualmente, mejore al anterior. En resumen una escuela que, sin paredes ni aulas físicas se ha venido
manteniendo entre débiles hojas de papel. Es más, en la era informática donde vivimos, seguramente
llegará a su exclusiva edición digital. ¡Salud!

He rescatado de entre los anaqueles de mi biblioteca el ejemplar número 1, dedicado al Carnaval de
1980. Era tan modesta aquella publicación que ni tan siquiera tenía numeradas sus páginas, o sea que
más bien eran pocas y de colores los justos. Es decir, en estos casi cuarenta años, la susodicha
iniciativa privada, editada por la Junta de Interpeñas, contó con dieciséis colaboradores literarios y
tres fotógrafos: Vicente, Corrales y Pazos. Desde entonces hasta hoy, la publicación ha cogido peso
en todos los sentidos e igualmente de forma proporcional en calidad y temática se mire por donde se
mire.















Con una merecida distinción, pues siendo variados sus fundadores, distintos, cada cual en sus ideas,
empezaron bajo la batuta del maestro don Alfonso Ortiz “el fresquero” a consolidar las bases de un
libro que luego adoptó el Consistorio de la vieja ciudad mitrada para darle continuidad. En igual
sintonía, bajo el signo político que fuera, y con un plantel de autores, de colaboradores, tan variado
como son otros sencillos articulistas como yo, o doctores, licenciados, con un alto indice intelectual
en sus textos al mejor estilo académico: historia, arte, folclore, sociedad; más periodistas, religiosos,
artesanos, trabajadores, funcionarios y jubilados quienes, todos, siguiendo en la idea del buen
Ceferino Santos Alcalde que se nos fue, continúan reuniéndose entre las páginas y tapas de este libro
monumental; porque así es la ciudad editorial que es dos veces ciudad.

Pronto cumpliré 50 años, desde que me suscribí a La Voz de Miróbriga y empecé a colaborar con el
doctor don Jesús Huerta Alonso, de cuya mano llegué a compartir amistad con don Antonio Custodio,
don Ignacio María Domínguez, don José Antonio Martín, don Leopoldo Gómez, don Feliciano
Sierro, don Abraham Cid y tantos otros a quienes desde aquí, en su grato recuerdo, les sigo
agradeciendo cómo me admitieron a colaborar en los futuros libros; o en casi todos, porque alguno
hubo donde no pude acudir. Con todos ellos y los sucesivos alcaldes, concejales de cultura, festejos,
etc., también añado mi gratitud a tantos y tantos colaboradores anónimos, voluntarios, particulares o
funcionarios del Ayuntamiento, que ponen cada día su ilusión y esfuerzo para que este libro,
anualmente, mejore al anterior. En resumen una escuela que, sin paredes ni aulas físicas se ha venido
manteniendo entre débiles hojas de papel. Es más, en la era informática donde vivimos, seguramente
llegará a su exclusiva edición digital. ¡Salud!
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